
Dije una vez que mi vida no significaba gran cosa, y que nada merecía realmente la pena. Desaparecì unos días después de esa declaración, pero nadie se sorprendió, pues solía hacer ese tipo de cosas. La vida era un gran drama, o al menos eso era lo que se podía descubrir detrás de cada acción, de cada palabra mìa. Si yo fuera un personaje, sería uno estático, redondo y lleno de contradicciones, pero sin arco de transformación posible. A menos que el arco fuera circular, y volviera eternamente al mismo punto. Luego me internè en el desierto de los días absurdos y desaparecí poco a poco, dejando tras de mì una sombra apenas visible...Y esto no es algo trascendente.
excelente!
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